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Indumentaria, cuerpo y material: claves para entender por qué un molde falla

En indumentaria suele pasar algo bastante común: una prenda no funciona y el primer sospechoso es el molde. Ajusta mal, tira, no acompaña el cuerpo como se esperaba. Rápidamente aparece la idea de que “el molde está mal”, cuando en realidad, muchas veces, el problema no está en el trazo sino en la forma en que ese molde se pone a trabajar.


Un molde no existe de manera aislada. Siempre funciona en relación con un cuerpo, un material y un uso concreto. Cuando alguno de esos elementos cambia —y cambia más seguido de lo que creemos— el resultado también se modifica.


El cuerpo, por ejemplo, no es una medida fija ni una estructura estable. Cambia con el tiempo, con los hábitos, con el movimiento y, en el caso del cuerpo femenino, también con los ciclos hormonales y las distintas etapas de la vida. Un mismo cuerpo no se comporta igual todos los días ni responde de la misma manera a una prenda. Diseñar indumentaria implica aceptar esa condición cambiante y trabajar desde ahí, en lugar de intentar forzar una forma única de calce.


A esto se suma el material. La tela no es un soporte neutro sobre el cual “aplicar” un molde. Tiene peso, elasticidad, memoria, recuperación y caída. Un mismo molde puede comportarse de maneras completamente distintas según el material con el que se lo confeccione. Lo que funciona en un tejido elástico puede fallar en uno plano; lo que acompaña en una tela liviana puede incomodar en una más rígida. Entender cómo responde el material al cuerpo y al uso es tan importante como el trazo mismo.


Muchas veces, frente a un problema de calce, la reacción inmediata es ajustar medidas al azar, modificar líneas sin demasiado criterio o directamente descartar el diseño. Sin embargo, otra posibilidad es detenerse y leer qué está pasando. Preguntarse para qué cuerpo fue pensado ese molde, con qué material se diseñó y en qué contexto se está usando. En muchos casos, el molde no está fallando: está señalando que algo cambió en el cuerpo, en la tela o en el uso real de la prenda.


Pensar los moldes como recetas cerradas suele llevar a frustración. En cambio, entenderlos como herramientas de trabajo abre otras posibilidades. Un molde es una base desde la cual observar, adaptar y transformar. No busca imponer una forma rígida, sino ofrecer una estructura que permita desarrollar sistemas propios y más sensibles a la realidad de los cuerpos.


Diseñar y trazar no es solo resolver medidas. Es aprender a leer cuerpos, materiales y momentos. Tal vez no se trate de encontrar el molde perfecto, sino de aprender a dialogar con él, ajustarlo y transformarlo, entendiendo qué nos está pidiendo cada cuerpo en cada etapa.


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